Todo empezó como un juego, pero ahora, él estaba entre la espada y la pared. Su incapacidad para controlar sus sentimientos llevó a que éstos lo traicionaran, y lo que había empezado como un juego se había tornado un tanto más peligroso y destructivo.
Solía bajar por su espalda, conocía y reconocía sus curvas.
Bob Marley dijo que la curva más hermosa de una mujer era su sonrisa, él también lo creía, pero no por eso se iba a privar de descubirr las otras, aunque su belleza fuera menor.
Y no se privó, su mano recorría su cuerpo, temerosa y nerviosa, dudaba de lo que estaba haciendo, pero era sólo un juego.
Un día supo reconocer el sabor de sus labios y que éstos se junten con los suyos, mientras la conocía y la reconocía, temió por lo que ocurriría al otro día, pero -después de todo- se dijo -es sólo un juego-.
Él pensaba que era sólo un juego, algo para matar y alejar esa soledad que lo rodeaba y que también la rodeaba a ella, y así quizás, con éste juego perverso, sentirse cada uno menos sólo.
Pero lo que era sólo un juego acabó por convertirse en una confusión, y supo que Bob Marley no se equivocaba. Se dió cuenta, al ver su sonrisa, que perdió por goleada.
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